Presentan en el Miguel Ángel Cuervo “La ruleta de la vida”

Es posible que tuviera 11 años y es seguro que vivía en el Distrito Federal y que en cuadernos capturara pensamientos -de su autoría o de otros escritores- que le causaban algún tipo de emoción, cuando Alberto Llanes, escribió por primera vez sobre un billete:

“Hay un placer en estar loco, placer que sólo conocen los locos”.

Y por supuesto, el pensamiento lo escribió con la ilusión de que en una Ciudad como el Distrito Federal, ese billete algún día volviera a sus manos.

-Obviamente, en mi vida he vuelto a ver ese billete. Termina de recordar el escritor, editor y narrador, Alberto Llanes, que presentó su novela “La ruleta de la vida” en el marco del Mes Colimense de la Lectura y el Libro organizado por la Secretaría de Cultura del Gobierno del Estado y el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (CONACULTA).

La presentación del libro que es parte de la colección de “Letras en el Fondo”, se llevó a cabo en el Centro de Cultura escrita Miguel Ángel Cuervo, y corrió a cargo de las Maestras Laura Aguirre y Cristina Hernández.
La ruleta de la vida, es una novela que une tres historias mediante un billete de 20 pesos: por su aniversario, un par de enamorados escriben en el billete sus iniciales, y luego este billete, en distintas ocasiones, cae a las manos de una niña que se compadece y a las de un poeta frustrado.

¿Cuál de estos personajes es Alberto Llanes?

-Yo creo que todos, en todos hay algo; a lo mejor en la niña no tanto, pero en los otros dos si: como Gerardo yo tuve una mujer que me enamoró mucho y que puede ser Daniela, y a lo mejor me dedico a escribir y puedo ser un poeta-escritor fracasado-frustrado, y puedo haberme reflejado en Juan, que visita el taurino, que se emborracha en botaneros, que es esto y que no sabe qué hacer con un billete ni escribir una historia.

En la Ruleta de la vida, Alberto Llanes quiso lograr plasmar la tragicomedia mexicana, como en las películas de Pedro Infante en donde los personajes sufren, pero también sufre el espectador.

Antes se hacían esos divertimentos, uno escribía mensajes en los billetes y esperaba a que corriera a su suerte. Ese es uno de los objetivos de la historia: que las generaciones que vienen conozcan que antes se podía hacer eso, pues ahora es complicado, comenzando con que el mismo plástico del billete lo impide.

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