Llevan dos obras colimenses al D.F.

  • Publicado el 24 enero, 2013

La obra Dibujando el silencio, de Carmen Solorio, escrita gracias a una beca del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes (FECA) que apoya la Secretaría de Cultura del Gobierno del Estado y el Conaculta, ha tenido un fin de semana intenso y contundente. El jueves 17 de enero, logró encontrar a su público objetivo al llegar al patio de la Escuela Secundaria número 13 en su turno vespertino, mientras que días después se presentó en la Ciudad de México ante un auditorio de casi quinientas personas que se dio cita en el Teatro Julio Jiménez Rueda del Instituto Nacional de Bellas Artes, en el marco de la XXV emisión del Festival Amantes del Teatro.

Por otro lado, el grupo Código de barras, dirigido por Manuel Acosta, también becario del FECA en el área de Grupos Artísticos, y en esta ocasión representado por Carlos Giffard, Peter Chung, Liliana Valdovinos y Vianey Santillán, ha llegado hasta la capital del país logrando una función exitosa que ha dado una imagen digna y profesional del trabajo que realizan los nuevos grupos de teatro en Colima, siguiendo el compromiso de conservar el camino que se ha venido trazando en el Estado desde hace varios años en el esfuerzo de profesionalizar el trabajo teatral.

En función del programa doble también se representó en Ciudad de México la obra ¿Y si las vacas volaran? basada en un texto de Estela Golovchenko, obra con la que se fundó el grupo hace ya más de tres años, y que fue recuperada corriendo una gran fortuna que la ha hecho circular fuera de Colima con muy buenos resultados.

Previo al aplauso final, la obra de Carmen Solorio siempre ha dejado una sensación amarga y fuerte, el público dibuja un silencio en la sala, contundente, pesado, un silencio que trata de entender y negar. El tema no es para menos, el acoso escolar (bullying) es una realidad de la que no podemos escapar, el público trata de entender, a veces de huir como el niño de la secundaria que se fue corriendo al baño a media función porque evidentemente la obra calaba en lo personal. El director de la secundaria nos resumió el resultado en una frase contundente “en veintiocho minutos de teatro, ustedes han hecho más de lo que podemos hacer en un curso”, ojalá así sea y se tenga oportunidad de repetirlo en todos los patios de escuela donde haga falta y en todos los teatros donde la respuesta sea como en el Teatro Julio Jiménez Rueda.

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