El Festival de Monólogos presentó “Se rompen las olas”

  • Publicado el 4 agosto, 2014

El Teatro Hidalgo  fue testigo del unipersonal “Se rompen las olas”, que la Secretaría de Cultura del Gobierno del Estado, el Conaculta y la Coordinación Nacional de Teatro del INBA, ofreció de manera gratuita al público colimense, en el marco del “10º Festival de Monólogos. Teatro a Una Sola Voz 2014”, traído al Estado en el año de “Colima Capital Americana de la Cultura 2014”. El Secretario de Cultura Rubén Pérez Anguiano, disfrutó junto con el público de este monólogo, que hizo vibrar las fibras sensibles del auditorio.

Mariana Villegas, dirigió y actuó este drama, retrato de la vida cotidiana de una mujer que siente que su familia ha marcado su destino: “1985 fue un año normal comenzado en martes en el calendario gregoriano. Correspondió al año del buey en el horóscopo chino. La ONU lo declaró Año Internacional de la Juventud, Madona alcanzó la fama mundial y se dio una moda donde las mujeres usaban sombras de colores pastel en los ojos, blusones y aretes llamativos. En Costa Rica es arrestado el narcotraficante mexicano Rafael Caro Quintero y transcurría el tercer año de gobierno de Miguel de la Madrid Hurtado. En México sucede un terremoto de 8.7 grados Richter, afectando la Ciudad de México en donde la cantidad de muertos alcanzó la cifra de 43 mil y causó daños millonarios en toda la ciudad”, ese temblor, ocurrido un año antes de su nacimiento, marcó su vida, sin él ella no habría nacido.

El unipersonal se desarrolla en medio de una escenografía qué retrata el estado de estancamiento del personaje, al verse rodeada de los fantasmas de su pasado a manera de objetos infantiles, que reflejan la niñez con la que siempre soñó, y que al ser una hija no deseada por su padre, nunca tuvo. En ese escenario nos narra una serie de historias, que llevan a la audiencia a recorrer un sin fin de emociones, al trasmitir su propio dolor, “estoy hueca, no escucho a nadie, no puedo respirar bien, nunca digo lo que quiero, no veo claro, nunca he tocado a alguien, no puedo coger bien, tampoco he amado profundamente a alguien, tengo vacío el corazón y es que se me están cayendo todas mis casas y soy alérgica al polvo”.

Al final del monólogo esté personaje se queda igual, con una sensación de estar a medias, sin haber hecho verdaderamente el amor, o haberse enamorado, cargando siempre las secuelas de ese temblor de 1985, que llevó a sus padres a conocerse, termina de cierta forma repitiendo la historia de su madre, quedado embarazada de un hombre que no desea tener un hijo y que prefiera abandonarla a su suerte.

 

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