El director y escenógrafo Martín Acosta habló del espacio teatral, en el Teatro Hidalgo

  • Publicado el 10 agosto, 2017

El actor, escenógrafo y director Martín Acosta ofreció en el Teatro Hidalgo la mesa de diálogo “El espacio teatral”, en el marco de las actividades académicas de la Muestra Estatal de Teatro Colima 2017 que organiza la Secretaría de Cultura del Gobierno del Estado y la Secretaría de Cultura Federal.

Egresado de la Escuela Nacional de Arte Teatral del INBA, Martín Acosta ha realizado más de 70 montajes profesionales como director escénico, mismos que se han presentado en México, Estados Unidos, Canadá, Colombia, Suiza y España. También
se desempeña como escenógrafo, dramaturgo y docente; desde 1988 es director artístico de la compañía Teatro de Arena, en la Ciudad de México.

Entre las butacas del Teatro Hidalgo se notó la presencia de integrantes de diversas compañías teatrales de Colima, público interesado, así como la actriz Luisa Huertas y el director escénico Mario Espinosa, director del Centro Universitario de Teatro (CUT-UNAM).

En un ambiente íntimo que daba paso a la interacción con el público, Martín Acosta hizo una breve referencia de la historia del teatro, desde el griego a la etapa del renacimiento, el teatro isabelino, sin olvidar las primeras representaciones realizadas en México luego de la conquista, en cada etapa explicó cómo fue evolucionando tanto el espacio escénico como el objetivo del teatro que era visto como culto a las divinidades, como una forma de imponer juicios religiosos y sociales, hasta hoy en día que explora las relaciones humanas de una forma intimista elevando el nivel emocional y de inteligencia, al mismo tiempo que alude a la reflexión.

Comentó que una de las necesidades del director de escena es ser elocuente para definir claramente qué es lo que quiere. “Lo que me emociona mucho de mi profesión es tirar una idea y luego empezar a seguirla de manera muchas veces intuitiva, trayendo mucho material a la discusión, pero dejando que cada quien encuentre su relación personal con esa idea, que normalmente o siempre tiene una relación con aquello que percibimos como la realidad”.

También dijo que los actores deben tener la capacidad para que la ficción envuelva todas las áreas de la representación, pues son ellos quienes le dan sentido y credibilidad a la dramaturgia y al espacio desde distintas perspectivas: como el lugar donde se representa, como ámbito escenográfico visto desde la construcción de un discurso, y como convención para que el espectador crea o no que se trata del lugar, época o ambiente que se narra.

Partiendo de la pregunta ¿Para qué hacemos teatro? Indicó que “El actor es un exhibicionista en potencia que sublima esta necesidad de una forma artística al entrar en ficción, y el director es un pervertido en potencia al que le gusta mirar desde una cerradura desde la oscuridad…es decir, es otra forma de sublimar esa perversión”.
En cuanto a la inquietud del público por ver teatro, aseveró: “Yo pienso que queremos ver una representación para saber que no somos solos, para saber que alguien piensa, sueña, aspira con algo similar a lo que a mí me pasa”, por consiguiente, expresó, el actor
más allá de su exhibicionismo debe tener una vocación generosa, pues no trabaja para sí mismo, sino para los demás.

Desde su experiencia como director, argumentó que es muy difícil definir los márgenes del actor, tales como actuar, mentir y jugar, para que la historia pueda ser creíble, partiendo de las necesidades del espectador, con el fin de lograr una mejor comunicación.

Finalmente compartió algunas de sus experiencias como escenógrafo, lo que le ha implicado dirigir tomando en cuenta el espacio, pues dijo que no se trata de saturar el escenario de elementos, sino de hacer que el actor y la dramaturgia llenen ese vacío.

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